Indicaciones de que las cosas van descontrolándose

by José de la Isla

HOUSTON — Presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, ha atraído bastante atención del público por traer a colación el espectro del discurso político con base en el odio, al hacer un enlace histórico con la violencia en la comunidad de San Francisco que ella representa en el Congreso. Lo hizo refiriéndose a las matanzas en aquella ciudad de hace 31 años del alcalde George Moscone y el supervisor Harvey Milk que cometiera miembro de la junta de supervisores, Dan White.

Lo trajo a colación por lo que el ambiente político hoy se parece mucho al ambiente de entonces.

En 1978, la junta se encontraba dividida, seis a cinco, sobre posiciones en cuanto al crecimiento y a favor del barrio, cuando White entregó su renuncia. Acto seguido, quería que lo restituyeran. Moscone, de tendencia liberal, sería quien tomara la decisión sobre el futuro político del conservador White.

White representaba el solo voto en contra del hito que fue la ordenanza aprobada ese año referente a los derechos civiles de los homosexuales en San Francisco. Time Magazine se refirió a Milk como “el primer hombre abiertamente homosexual electo a ninguna posición de importancia política en la historia del planeta”. White y Milk habían tenido conflicto sobre una casa ocupada por un grupo de personas que favorecía Milk y que se encontraba en el distrito de White.

Diez días antes que White asesinara a Moscone y a Milk, el congresista de California, Leo Ryan, de misión por recoger información en Jonestown, Guyana, había sido asesinado por miembros del culto del People’s Temple, con base en San Francisco, liderado por Jim Jones. Ryan había sido crítico de la cientología, la Iglesia de Unificación de Sun Myung Moon y de los cultos destructivos, grupos religiosos que causan perjuicio a sus propios miembros y a otros. Cerca de mil personas se suicidaron en masa o fueron asesinadas en Guyana.

Jonestown fue la mayor pérdida de vidas de civiles estadounidenses en un desastre que no tuviera causas naturales hasta ese momento. Ryan se convirtió en el único congresista que fuera asesinado ejerciendo su cargo nunca.

Las lecciones morales de los dos incidentes no se mantuvieron sobre la superficie, como haría un buen tatuaje, sino que se esfumaron.

El mes de noviembre de 1978 fue una tormenta perfecta de temas políticos, perspectivas personales polarizadas, y de histeria emitida de los púlpitos de pregoneros de la batalla bíblica del fin del mundo. Juntos crearon una fiebre que caza a los que apenas tienen cómo agarrarse a la realidad, o a los cuyos neurosis se conforman de un heroísmo egomaníaco.

El púlpito convoca, y las endebles filosofías e ideologías que evocan el miedo por el fin de la vida como la hemos conocido, ofrecen el ambiente que permite que los individuos al borde de cometer algún acto fuera de serie de desafío lo hagan.

Se puede sentir el agite.

Dirán que exagero, que las cosas ahora no están tan malas.

¿A que no?

El ejemplo clásico de la turba con ganas de linchar y cegada por la rabia se encuentra en Dallas, en 1963. En su libro, titulado Death of a President, William Manchester notó que hubo 110 asesinatos allí el año anterior a que fuera asesinado el presidente Kennedy. La ciudad salió primera en homicidios de todo el país. Mediante una investigación meticulosa, Manchester llegó a creer que el clima político allí había sido un factor que contribuyó a la muerte de Kennedy.

Al oír que el presidente Kennedy había sido asesinado, una clase de cuarto grado en un suburbio pudiente de Dallas estalló con aplausos. Como adolescente en Houston, yo vi que una multitud hiciera lo mismo. Un docente del museo Texas Book Depository me dijo hace cinco años que él entendía que Dan Rather había reportado algo similar.

El submundo – Jonestown y los 110 asesinatos en Dallas – son indicaciones subyacentes que las cosas van descontrolándose. Otra indicación es la licencia que se dan muchas personas y sus líderes políticos para permitir que se perjudique a otras personas, negar a los inmigrantes indocumentados ­licencias de conducir, restringir los lugares en los que pueden vivir, alentar la desunificación familiar, permitir redadas y prohibir el acceso a la educación. Estas son indicaciones de una rudeza nacional nada natural. Todas las indicaciones señalan el desmoronamiento del código moral nacional y el escape de la decencia del cuerpo político.

No obstante, un rótulo que blande la turba es cierto: “¡Se están llevando a nuestro país!”

Los que hierven con ira, que denigran la presidencia, que hablan porquerías, que creen que las armas son buenas y que siguen lemas como ovejas se están llevando buena parte de nuestro país y haciendo que luzca como un culto destructivo. Hispanic Link News Service.

[José de la Isla, cuyo último libro se encuentra en versión digital gratuita en www.DayNightLifeDeathHope.com, redacta un comentario semanal para Hispanic Link News Service. También es autor de The Rise of Hispanic Political Power (2003). Comuníquese con él a: joseisla3@yahoo.com]. © 2009